Vincent Van Gogh es un de mis pintores preferidos y es mi ideal de artista, no crean Uds. que por lo drámatico de su suicidio, por lo accidentado de su vida ni por el incidente de la oreja, que es lo único que la gente recuerda sobre él. Es el ideal de artista porque "nunca dejó de pasar un día sin trazar un línea" porque su búsqueda de la gran nota amarilla fue lo que lo movió a trabajar como nadie, tanto que es uno de los pintores más prolíficos de la historia, estudios a sus lienzos demuestran que incluso hay varias pinturas debajo de ellos, es decir que reutilizó los lienzos quizás por falta de recursos.
En las famosas cartas a su hermano Theodore, Theo por cariño, que aún se conservan; Vincent realizó todo un tratado sobre la pintura de su tiempo y expuso toda una filosofía propia sobre el arte y sobre la búsqueda de sí mismo a travéz de la pintura. En esa frase hermosa donde dice que: el arte no es más que el hombre sumado a la naturaleza, marca a toda búsqueda artística, incluída la cocina. Pero más allá de la cocina como medio de expresión artístico, a la cocina como medio de búsqueda personal, de estudio de sí mismo, más emparentado con la visión oriental del arte, esa búqueda de la perfección que supone la maestría en algo, lo que sea. Para el maestro Gjurdieff, un hombre notable es alguien que puede hacer algo bien hecho, cualquier cosa, al menos un café; si alguien sabe hacer un buen café, lo puede repetir siempre igual de bueno es un hombre notable. Pienso entonces en la búsqueda de la perfección diaria de un cocinero, que debe repetir día a día y dos veces y lo que sirve debe ser bueno e igual siempre. Así, la cocina no es más que el hombre sumado a los ingredientes, o por medio de los ingredientes encontrar el perfeccionamiento de sí mismo.
Aunque suene un poco volado, todo esto lo inspiró el cuadro de Vincet que mi amiga Nancy publicó en el famoso Facebook, cual es el único cuadro que Theo pudo vender de su hermano el pintor V. Van Gogh, mientrás vivió. El atardecer de otoño en la campiña, los matices rojos de la viña los expresa Vicente de una manera magistral en su pintura. La viña, planta sagrada atribuída a Dioniso, con cuyo fruto se elabora la más sagrada de las bebidas: El vino, los tonos rojizos de la pintura nos recuerdan a un buen pinot noir observado con respeto, con calma, con tranquilidad en las aguas. El sabor de esta imagen nos recuerda el trabajo, a lo que l hombre debe estar consagrado, con notas ligeras amargas, por las dificultades, pero equilibradas con la fortaleza de trabajar juntos por la consecución de algo. El Sol presente y grandísimo al fondo, como el ojo de un dios antiguo, todo lo vigilia y supervisa, como orgulloso de que el hombre trabaje recolectando el fruto con que elaborar la bebida de consagración por excelencia: el vino.


















